GANGSTA

por egoitzmoreno

Mi buen amigo Idoiaga hace dos cosas hoy…

Una, pasarme esto que Sergio del Molino ha posteado en su blog:

VAMOS, HAZLO, DISPARA

Me prometí no escribir más de politiquerías, pero sólo haré una entrada más. Porque yo esto lo puedo dejar cuando quiera, no soy como esos editorialistas que sólo se empalman cuando el CIS saca un barómetro y babean ante una resolución de una junta de portavoces cualquiera. Yo soy consumidor ocasional y lúdico. No me controla, yo lo controlo.

O algo así.

Pero es que tengo la clarividencia analítica subida y no puedo guardarme esas palabras para mí. He de iluminar a las masas, he de desvelarles las imposturas, he de derribar este corrupto sistema que…

Sí, la pastilla, sí. Ya me la tomo. Pero puedo dejarlo cuando quiera, de verdad. Lejos de mí esa tentación tan hispana de explicarle a la gente lo que la gente acaba de ver con sus ojos (que es, más o menos, en lo que consiste el trabajo de analista político).

El caso es que ayer leí y escuché —como todo el mundo— a Gallardón decir una sarta de barbaridades sobre abortos, maternidades y mujeridades varias. Y, aunque las decía sin alterarse y sin mostrar ninguno de esos tics de la comunicación no verbal que delatan a alguien cuando está mintiendo, e incluso aunque las enunciaba con un aplomo más convincente que la mirada de depravado de Marlon Brando cuando se puso a untar mantequilla donde muchos otros querían untarla, no creo ser el único que está convencido de que Gallardón no está nada convencido.

Pero lo dijo. Lo importante era que dijera todas esas cosas y que asegurara sin torcer la nariz. Era un examen que superó con nota. Con matrícula, incluso.

A todo gángster le llega el momento de cargarse a alguien. Está muy bien pasearse por el barrio con el bulto de las pistolas marcado en la ropa. Está muy bien entrar en los bares con cara de chulo y está muy bien amedrentar al anciano dueño de la charcutería para que te regale sus mejores salamis para el Padrino. Pero, a la Familia, eso no le basta. Llega un día en el que hay que mostrar el compromiso y convencer al Padrino de que eres de fiar, de que puede considerarte uno de sus hijos.

Entonces, tu capitán te dice: adelante, cárgatelo. Una cosa es presumir de ser de la mafia, y otra muy distinta, ser de la mafia. Una cosa es dar un par de guantazos a unos camelletes o a unos trileros y otra muy distinta es mirar a la cara a ese camellete que ha querido jugársela a la Familia. Ese camellete al que has zurrado bien en el callejón y al que le has roto un par de huesos. Está bien romper huesos. Mola romper huesos y hacerlos crujir, pero no basta. Romper huesos los rompe cualquiera. Ahora, Vito, tienes que demostrar que estás con nosotros. Y te ponen una pistola en la mano y te dicen: venga, hazlo. Y tú miras al camellete, acojonado y con los huesos rotos, tirado en el suelo, sangrando por la nariz partida. Y tienes que apuntarle a la jeta y disparar, reventarle la cabeza a ese tío al que no conoces y que no te ha hecho nada. O un tío al que sí conoces, que fue contigo al cole, que jugaba al béisbol en la calle y te ayudaba a ganar los partidos. Venga, hazlo, joder, dispara, te dicen. Y no te lo piensas más: le miras a los ojos y ¡pum! A la mierda, ya está hecho.

Y puede que luego tengas que ayudar a deshacerte del cadáver. Si estás a la altura, tus jefes te invitarán a cenar y a unas putas y a unas rayas para celebrar que eres de los nuestros, chaval. Tienes huevos.

Gallardón estaba obligado a demostrar que tenía huevos. Está muy bien ser el niño bonito de Don Manuel. Eso está bien, pero Don Manuel tenía muchos niños bonitos. Está muy bien haber sido presidente de Madrid y luego alcalde, y ganar todas esas elecciones y ser tan aplicadito y tan corporativo. Pero, ¿sabes, Alberto?, le dicen, en esta Familia tenemos muchos niños aplicaditos y corporativos que ganan elecciones. El Jefe quiere algo más. ¿Quieres ser de los nuestros? ¿De los nuestros de verdad? Necesitamos una prueba.

Vamos, hazlo, Alberto: sal ahí y defiende el rollo ese antiabortista como el más carca de los carcas. Sé un legionario de Cristo, mójate. No me seas liberal ni buenrollero, deja de reírle las gracias al director de El País. Queremos saber hasta qué punto estás con nosotros. ¿No querías ser ministro? Esto es ser ministro. ¿Quieres ser presidente? ¿Lo quieres? Pues demuéstranos que tienes lo que hay que tener. Vamos, hazlo.

Y Alberto lo hizo. Sin despeinarse, sin poner cara de asco, sin soltar una lagrimita.

En realidad, esta estrategia está copiada del PSOE, un partido especialista en neutralizar a sus oposiciones por la vía de la cooptación forzosa.

¿Recuerdan el primer tripartito catalán? Iniciativa per Catalunya, la supuesta verdadera izquierda, ocupó la consejería de Interior. ¿Y por qué fue así? Porque el PSC dijo: vale, quieres entrar en el gobierno, pero no lo harás de una forma inocua. No te daremos un departamento blanco y de bien quedar, como el de Cultura. Te vas a pringar a fondo, vas a demostrar tu compromiso con la coalición poniéndote al mando de los maderos. Y cada vez que un mosso d’esquadra le parta la cara a un argelino y se grabe la paliza en las cámaras de la comisaría, tú, antiguo militante del PSUC; tú, intelectual marxista; tú, exquisito teórico de la alienación política; tú, lector de Eduardo Galeano me-la-agarras-con-la-mano, saldrás a dar la cara y a decir que la policía actuó correctamente y que tenemos una policía estupenda. Defenderás a tus chicos como si fueras un comisario con los sobacos sudados que aún tiene una foto de Franco en su despacho.

Venga, hazlo, comprométete con la causa.

Y con tanto compromiso, anulan a toda la oposición, la manchan con su misma mierda. Se hermanan en la basura y ya no pueden separar sus destinos.

El PP ha aprendido del PSOE a anular la heterogeneidad y a unificarlo todo por la vía del pragmatismo. ¿Quieres estar con nosotros? ¿Quieres ser de los nuestros? Pues demuéstralo.

Vamos, hazlo, dispara.

Y otra, recomendarme El místico arte de borrar los rastros de la muerte, novela de Charlie huston que, “aunque aquí la ponen a parir, tiene su puntillo”, dice.

Pues mila esker, figura. Tomo nota.

I M A G E U P D A T E

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