EL PROFESIONAL

por egoitzmoreno

__La vivienda explotó. El material no era estable. Alguien va a pagar por esto, pensó mientras bajaba por las escaleras tratando de no perder el equilibrio.

__Dobló una esquina y, cobijado tras un contenedor, evaluó la situación: heridas superficiales, en el pecho, en un brazo; inflamación en la rodilla derecha y los oídos que no dejaban de pitar.

__Iba documentado pero sin pistola. La mochila. Dos granadas. Un zapato. Sin teléfono.

__Nada era imposible.

__Porque, tras dos semanas en Bangkok, Ardashir estaba preparado para salir al encuentro de su Destino.

__Se levantó. Tenía que salir de la ciudad, contactar con Gushnag y anular la operación. La rodilla le falló y a punto estuvo de caer. Pero sonrió al escuchar los primeros gritos de pánico. Aprovechar el caos, esconderse entre la multitud y desaparecer. Lo había hecho otras veces.

__Como tantos otros, un taxista se detuvo en la avenida. Asomó el morro por la ventanilla y se fijó en las llamas, que salían por la ventana del segundo piso, junto a ese exagerado humo negro.

__El atasco no suponía mayor complicación si daban la vuelta. Ardashir abrió la puerta trasera del coche, pero no llegó a sentarse porque el taxista, un viejo asmático de noventa años, lo agarró por el cuello y lo lanzó fuera, mirándolo con asco, juzgando su ropa, su sangre y su raza.

__En el suelo, cegado por el sol, Ardashir quiso decirle que tenía dinero, que necesitaba salir de ahí, que su lucha era la lucha de todos.

__Dos tipos se acercaron. Sirenas de fondo. Un perro. Seis hombres. Siete. Mujeres y niños.

__La situación se estaba complicando.

__Ni llantos, ni súplicas.

__Sacó una granada y le quitó la espoleta.

__Retrocedieron. Casi todos.

__La lanzó al interior del vehículo y huyó.

__Escuchó la explosión y cruzó la avenida; entró en una urbanización y cayó al suelo. Nunca había sudado así.

__Vomitó.

__Y alguien gritó, detrás.

__Eran policías. Putos policías, sicarios, esclavos, perros, asesinos.

__Se arrastró junto a una jardinera y buscó un parapeto. Seguridad. Dolor. Luces y gritos. Coches frenando. Y, por fin, un silencio infinito, que le permitió repasar esa miserable mentira que había sido su vida.

__Aquel cuyo reino es justo.

__Ése es mi nombre.

__Sacó la segunda granada de la bolsa. La miró.

__La beso.

__La lanzó.

__Rebotó en un árbol.

__La miró.

__La cogió.

__La lanzó.

__Rebotó en el árbol.

__Se cagó en su puto Dios.

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I M A G E U P D A T E

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