REGRESANDO AL FUTURO

por egoitzmoreno


Por casualidad, caigo en Un mundo desde el abismo y pierdo un buen rato husmeando. Agradecido, robo esta entrada a Miguel Á. Refoyo “Refo” (su autor) y la pego a continuación (las fotillos son suyas; sin link):

REGRESO AL FUTURO
PREGUNTAS PASADAS ACERCA DEL FUTURO Y DEL PRESENTE

A lo largo de mi vida cinéfila siempre ha habido algo que me ha inquietado. Se refiere a una de mis películas favoritas de todos los tiempos. Un filme taquillero de los 80 y que, por obra y gracia del tiempo, se ha convertido en un clásico irreprochable. Se trata de ‘Regreso al futuro’, de Robert Zemeckis. Probablemente, en alguno de los extras perdidos de las múltiples ediciones que han ido apareciendo a lo largo de los años hayan ofrecido la respuesta a la incógnita que he planteado en muchos coloquios y charlas con amantes de esta saga. Durante años una pregunta venía a mi mente cuando visionaba convulsamente esta obra de culto ¿Por qué son amigos Marty McFly (Michael J. Fox) y Emmet Brown (Christopher Lloyd)? ¿Qué aficiones comunes les unen? ¿Qué relación tienen exactamente? ¿Dónde se conocieron?

Veamos; Marty es un joven algo vago para los estudios que siempre llega tarde, que va al Instituto en ‘skate’, tiene un grupo algo estridente llamado The Pinheads con el que sueña con ser una estrella del ‘rock’. También le pierde que le llamen ‘gallina’ y fantasea con perder la virginidad con su novia Jennifer Parker (Claudia Welles) en un apasionado viaje al lago en un Statler Toyota 4×4. Por su parte, “Doc” Emmet Brown es un científico enloquecido, que colecciona relojes y experimenta con el tiempo, que tiene un equipo de altavoces conectado a un amplificador gigante y que roba plutonio a un grupo terrorista libio con el fin de llevar a cabo el proyecto más apasionante de su vida: una máquina del tiempo construida en un DeLorean. Otro dato a tener en cuenta según el Hill Valley Telegrapher; la mansión Brown fue totalmente destruida años antes.

Desde el comienzo, Marty y “Doc” son amigos, pero en ningún momento se establece un vínculo aclaratorio de esta amistad. Una vez presentados los personajes, el guión va engranando sus elementos narrativos de una forma inexpugnable. No es absurdo sentenciar que ‘Regreso al futuro’ tiene una estructura de guión casi perfecta. Dentro de su complejidad, los mecanismos argumentales funcionan como un lapidario dispositivo de relojería. Pero hay algo que no se desvela, que queda como incógnita: el punto de unión de Marty y “Doc”.

Las preguntas se hacen evidentes una vez vista la película ¿Se conocen en el presente de 1985 o por el contrario se conocen por primera vez en 1955 cuando Marty viaja desde el año 1985? Podría ser algo nomotético que “Doc” busque a Marty antes de 1985 con el fin ya no de llegar al cúlmen de su gran invento, sino para salvar su vida. Otras teorías apuntan a que posiblemente se hayan conocido en Hill Valley High School, con Emmet como profesor durante una época anterior a 1985, en la que “Doc” podría haber impartido clase en el centro donde estudia Marty, ya que el profesor Strickland (James Tolkan) le conoce de primera mano. Cuando nuestro protagonista asegura que llega tarde porque “Doc” ha retrasado todos sus relojes 25 minutos, Strickland, decepcionado, le recrimina “Déjame que te dé un consejo gratis jovencito… el llamado Doctor Emmet Brown es peligroso, es un loco, si sigues con él acabarás teniendo graves problemas…” ¿Por qué no? Lo que está claro es que cuando Marty viaja al pasado está sobrado de sobreinformación que utiliza para poder manipular a los personajes y hacer que un hecho imprevisible, que su madre se enamore de él por la intromisión de Marty en el desarrollo lógico de los acontecimientos, pueda desembocar no sólo en un cambio de los hechos para encauzar la historia tal y como se produjo, sino para mejorarla de cara al futuro, al presente de 1985.

En la segunda parte de esta magnífica saga, Marty viaja a través del pasado, presente y futuro con más soltura gracias al hallazgo de ése entorno espacio-temporal conocido por ambos, lo que podría sugerir una especie de ‘bucle’ de viajes en el tiempo donde las alternativas y respuestas se ampliarían hasta lo inagotable en ese periplo sin fin por diversos multiuniversos. ‘Regreso al futuro’, sobre todo en sus dos primeras partes, desenvuelve un apasionante ejemplo de ‘Historias dentro de historias’, como explica Linda Seger en ese libro de marras que anida y coge polvo en todas las estanterías de guionistas y aspirantes a ello. No hay espacio para aludir a esa paradoja en la que si Marty evita el enamoramiento de sus padres, nunca nacerá… y si nunca nace ¿cómo ha podido viajar al pasado y evitar que sus padres se enamoren? Cierto es que toda la trama está planteada desde que Marty es despertado por la alarma y una llamada de “Doc” para acabar de forma circular con una secuencia parecida en el 1985 alternativo. Pero eso… es otra historia.

Además de filme modélico, de cinta generacional de culto y de una de las más emocionantes y sugerentes muestras de ciencia-ficción de los años 80, ‘Regreso al futuro’ consumó la eficacia de la comercialidad de aquellos años con una propuesta divergente, simbolizando una época de cine de entretenimiento que impuso una senda en el cine taquillero desprovisto de condicionantes, pero asumiendo un modelo y un ‘target’ ajustado a unos tiempos que se han diluido por otro tipo de cine más asentado en el ‘mainstream’ y la necedad. La aventura propuesta por Robert Zemeckis evoca una nostalgia, un tiempo pasado que recupera lo mejor del cine comercial hace dos décadas. ‘Regreso al futuro’ es una pequeña obra maestra que sigue proponiendo una historia imperecedera dentro de los anales del cine contemporáneo.

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