ISRAEL

por egoitzmoreno

Durante los meses de enero y Febrero de 2002, tuvo lugar en israel un acontecimiento que hizo época: el rechazo organizado de cientos de soldados en la reserva a prestar servicio en los territorios ocupados. Estos refuseniks (como se les llamaba) no son meros “pacifistas”: en sus pronunciamientos publicos, enfatizan el hecho de haber cumplido con su obligación al defender a Israel en las guerras contra los Estados árabes, en las que agunos fueron condecorados por sus méritos. Lo que declaran simplemente (y hay algo simple en todo acto ético) es que no pueden estar de acuerdo en combatir “con el fin de dominar, expulsar, condenar al hambre y humillar a todo un pueblo”. sus reivindicaciones están respaldadas por descripciones minuciosas acerca de las atrocidades cometidas por las Fuerzas Armadas Israelíes (IDF), atrocidades que van desde el asesinato de niños hasta la destrucción de las propiedades de los palestinos. Así es como Gil Nemesh informa en la página web activista acerca de la “realidad de pesadilla que se vive en los territorios ocupados”:

Amigos míos, que obligan a un anciano a humillarse, hieren a niños, abusan de personas por pura diversión y se jactan más tarde de ello al reírse de esta terrible brutalidad. No estoy seguro de querer seguir llamándoles mis amigos. Han dejado escapar su humanidad, no por pura crueldad, sino porque resulta demasiado difícil enfrentarse a ella de otro modo.

Se hizo evidente, pues, cierta realidad: la realidad de cierntos de pequeñas -y no tan pequeñas- humillaciones sistemáticas cometidas a diario a las que se ven sometidos los palestinos; el modo en el que los palestinos, incluso los árabes israelíes (oficialemente ciudadanos de pleno derecho de israel), se ven discriminados a la hora de tener acceso al agua, de negociar hipotéticos derechos de propiedad, y así sucesivamente. Pero más importante que todo esto es si cabe la “micropolítica” sistemática de humillaciones psicológicas: los palestinos son tratados fundamentalmente como niños malvados que tienen que ser reconducidos hacia una vida honesta por medio de la disciplina y el castigo severos. Consideremos simplemente lo ridículo de una situación en la que las fuerzas de seguridad palestinas son bombardeadas al tiempo que se ven sometidas a presiones para que castiguen severamente a los terroristas de Hamas. ¿Cómo esperar que retengan el más mínimo vestigio de autoridad ante los ojos de la población palestina cuando están siendo humillados como víctimas de ataques diarios y se espera de ellos, simultáneamente que se limiten a soportar los ataques, tachándolos de terroristas cuando se defienden? Hacia finales de marzo de 2002 está situación alcanzó su máximo y ridículo apogeo: por un lado tenemos a Arafat encerrado y aislado en tres habitaciones en su complejo de Ramallam al tiempo que se le insta a detener el terror, como si tuviera el poder abosulto sobre los palestinos… En pocas palabras, ¿no hay en el tratamiento que recibe la Autoridad Palestina de los israelíes (que la atacan militarmente al tiempo que le exigen adoptar severas medidas con los terroristas que se encuentran entre sus filas) una suerte de paradoja pragmática cuyo mensaje explícito (el mandato de parar el terror) es subvertido por el mensaje implícito inscrito en el propio mensaje explícito que se difunde? ¿No resulta absolutamente evidente que la Autoridad Palestina se ve sometida a una situación insostenible: adoptar medidas severas contra su propio pueblo al tiempo que se encuentran bajo el fuego israelí? ¿No será, por el contrario, que lo verdaderamente insostenible es, implícitamente, lo opuesto: salimos ganando con vuestra resistencia, puesto que así os podemos machacar? En otras palabras, ¿y si el verdadero propósito de la persistente intrusión israelí en los territorios palestinos no fuera prevenir futuros actos terroristas, sino en realidad “quemar las naves”, intensificar el odio hasta lograr que éste alcance un nivel que impida una solución pacífica del conflicto en un futuro previsible?

[…]

Nunca se es lo bastante entusiasta acerca de este rechazo [el de los refuseniks] , que -de modo significativo- fue minimizado en los medios de comunicación: dicho gesto de trazar la línea divisoria, de negarse a participar, constituye un auténtico acto ético. Es aquí, en este acto, donde -como diría san Pablo- deja de haber judíos o palestinos, miembros plenos del Estado y Homo sacer… En este punto debemos mostrarnos desvergonzadamente platónicos: este “¡No!” designa el momento milagroso en el que la Justicia eterna aparece momentáneamente en la esfera temporal de la realidad empírica.
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